Jackson a sólo días de asumir: “Nadie puede garantizar menos conflictividad en las calles”

Por Claudia Álamo, TheClinic.cl | 09 de Marzo, 2022

Consciente de que su generación entra a La Moneda con grandes desafíos y enormes expectativas, el nuevo ministro secretario general de la Presidencia delinea la estrategia para la primera etapa del gobierno y cómo harán para mantener viva la conexión y empatía con la gente. “Ese anclaje es lo que nos trajo hasta acá”, señala.

Cuando Giorgio Jackson vuelva a cruzar el umbral de La  Moneda, lo hará como flamante ministro Secretario General de la Presidencia. Pero también lo hará como uno de los mejores amigos del Presidente Gabriel Boric. Juntos marcharon y lideraron hace once años el movimiento estudiantil; juntos crearon el Frente Amplio y juntos han diseñado la llegada al poder de una nueva generación.

Esa cercanía incluye a Camila Vallejo, la vocera de gobierno, y ha sumado a Izkia Siches, la nueva ministra del Interior, y también a una de sus más cercanas asesoras, Antonia Orellana, que estará a cargo del Ministerio de la Mujer. En el diseño formal, son el comité político; pero en la práctica también será el círculo de hierro del Presidente Boric.

Giorgio Jackson: “Se tiene que notar que cambia la mano el próximo 11 de marzo”

En una mañana calurosa de marzo en Santiago, Jackson llega a la entrevista con su block para tomar notas, su celular y una gorra negra para cubrirse del sol. A sus 35 años, inicia un camino de máximo desafío: sacar adelante la ambiciosa agenda gubernamental para cumplir con las expectativas ciudadanas.

-En pocos días asumirás como ministro. Es un salto enorme después de haber sido estudiante universitario y luego diputado. ¿Qué te pasa con el vértigo de este momento? ¿Tranquilo? ¿Nervioso?

-… Hay hartas emociones que se mezclan. Por cierto que hay un vértigo por los desafíos que tenemos y que son apasionantes. Uno espera con un poco ansiedad que lleguen, pero al mismo tiempo sabes que se corre mucho riesgo…

-¿Hueles el riesgo?

-Es que, en general, en un gobierno se corren riesgos de distinta naturaleza. Pero, al mismo tiempo, aquí está el sentido de pertenencia de un proyecto que se viene construyendo desde hace mucho tiempo y de que al fin nos toca el momento. Y, claro, esas cosas se van mezclando… También está la constatación de que es clave acompañarse con los equipos. Ése es el mejor remedio para la ansiedad o el vértigo. Juntos vamos viendo cómo avanzan las cosas. Hemos estado súper concentrados en la instalación del gobierno porque a partir del 11 de marzo -una fecha que se veía muy lejana- llega la hora de entrar a la cancha.

“Aquí está el sentido de pertenencia de un proyecto que se viene construyendo desde hace mucho tiempo y de que al fin nos toca el momento“.

Entre los muchos desafíos, te tocará llevar adelante la agenda de reformas del gobierno y, de alguna manera, cuidar al Presidente Boric, que es tu amigo. ¿Cómo has pensado asumir ese rol?

-Lo que hemos conversado con el Presidente electo es que yo pueda ayudar a articular fuerzas parlamentarias para hacer avanzar la agenda de gobierno. Pero también está la labor de coordinación interministerial y la relación con la Convención Constitucional. Eso es lo que tengo que ejecutar en el plano más formal.

-¿Y en los otros planos?

-En el plano más político o humano, el comité político debe ser un espacio de mucha confianza para poder servir de apoyo a las decisiones complejas que le va a tocar tomar al Presidente. Siempre entendiendo que el peso de la responsabilidad y la decisión final es resorte de él. Pero como equipo debemos procurar que sus decisiones sean lo más asesoradas y acompañadas posible para ser capaces de sostenerla, no solamente dentro del gabinete completo, sino que también ante la ciudadanía.

-¿Y cómo debiera operar ese comité?

-Probablemente, muchas son decisiones de todos los días. Entonces, tenemos que encontrar un mecanismo en el cual podamos priorizar las discusiones que requieren de ese apoyo del comité político, porque también va a estar el segundo piso, que es un espacio de asesoría directa al presidente. Tenemos que lograr una sinergia muy rápido.

BUENA ONDA

-La ciudadanía será clave para este nuevo gobierno. Han puesto muchas expectativas. ¿Crees que les va a dar luna de miel o van a tener que entrar mostrando gestiones rápidas? 

-Siento que hay un estado de ánimo en la ciudadanía de querer que al gobierno le vaya bien. Te hablo incluso más allá de la gente que votó por Gabriel Boric en la segunda vuelta.

¿Dirías que hay como una buena onda con el gobierno?

-Diría que hay una buena predisposición. Últimamente he escuchado gente que dice: “Yo no voté por ustedes, pero ojalá les vaya bien”. Y eso es algo que se repite en las conversaciones en la calle. Creo que el gabinete ayudó mucho a mostrar un estilo abierto, de escucha y diverso. Es un gabinete que ha generado harta expectación, pero eso no dura para siempre. En ese sentido, los primeros meses serán de mucho contraste.

“Últimamente he escuchado gente que dice: “Yo no voté por ustedes, pero ojalá les vaya bien”. Y eso es algo que se repite en las conversaciones en la calle. Creo que el gabinete ayudó mucho a mostrar un estilo abierto, de escucha y diverso“.

-¿En qué?

-Probablemente, en formas, en tonos, en algunas prioridades, en los énfasis. Porque el estilo que trae el Presidente Boric es un estilo muy distinto al Presidente que termina su mandato.

-¿Y cómo van a marcar esas diferencias?

-Los gobiernos se evalúan tanto por sus logros, su desempeño, como por su conexión, su empatía y muchas veces por símbolos al momento de llevar adelante la gestión diaria. Por supuesto que tenemos plazos y una carta Gantt. Lo que digo es que también importa mucho el vínculo con la ciudadanía. Entonces, no creo que la gente esté el primer día exigiéndonos los 500 mil pesos de aumento en el sueldo mínimo o las pensiones de 250 mil. Las personas entienden que son procesos y que hay que ir dando distintos pasos. Por algo el programa dura 4 años. De hecho, nuestra proyección es que muchas cosas se terminan de implementar en 8 años. Pero claramente se tiene que notar que cambia la mano el próximo 11 e marzo. Eso está dentro de nuestro objetivo.

-¿Pero qué significa que se note un cambio de mano?

-Que se tiene que notar la capacidad de empatizar, de comunicar, priorizar y darle complejidad a muchos problemas que no son tan simples. Creo que a veces se ha caído -y en este gobierno ha pasado mucho- en la sobre simplificación de algunos fenómenos que son complejos. O sea, muchas veces por razones ideológicas se abordan los problemas desde una perspectiva unidimensional y eso choca con la realidad.

Giorgio Jackson: “Se tiene que notar que cambia la mano el próximo 11 de marzo”

-Dame un ejemplo como para entender…

-Por ejemplo, en el 2009 dijeron que se iba a acabar la fiesta de los delincuentes. Celebraron que habían subido las penas, que estaban teniendo mano dura, pero la gente no se ha sentido más segura en su vida cotidiana. Entonces, como estamos en un momento donde las instituciones están tan desprestigiadas, creo que las personas quieren que uno les diga la verdad. Y eso exige explicar y elevar el nivel de complejidad de las soluciones para los problemas que estamos viviendo.

“Creo que a veces se ha caído -y en este gobierno ha pasado mucho- en la sobre simplificación de algunos fenómenos que son complejos. O sea, muchas veces por razones ideológicas se abordan los problemas desde una perspectiva unidimensional y eso choca con la realidad”.

-En el caso de la delincuencia, ¿cómo se tendría que abordar para darle esa dimensión de complejidad?

-Las personas quieren sentirse más seguras. Probablemente, es una de sus primeras preocupaciones. La ciudadanía tiene temor a sufrir un asalto, que entren a sus casas o al andar por la calle. Uno podría pensar que solamente con un discurso al choque de más policías y de mayores penas, esto podría resolverse. Pero hay malas noticias porque esa estrategia ha fracasado en el mundo. Y cuando analizas el número de personas que está en las cárceles, la pregunta es cuántas de esas personas que están privadas de libertad, tienen familiares, padres o madres, que también estuvieron privados de libertad…

-Claro. Pero eso requerirá soluciones de largo plazo. El tema es que hay una urgencia, una demanda concreta de la ciudadanía…

-Por supuesto que tenemos que entregar soluciones en el corto plazo para que la gente se sienta segura. Pero no podemos olvidar que el guión de esa película no parte cuando la persona delinque, sino que parte mucho antes. Entonces, tenemos que construir la posibilidad de que esa narrativa de trayectorias individuales cambie para tenga otros horizontes.  Y ahí hay un esfuerzo para darle complejidad en la comunicación política. Porque de alguna manera humaniza el delito y nadie quiere humanizarlo. Obviamente que si has sido víctima de un delito, lo normal es que aflore la rabia. Pero está bastante demostrado empíricamente que ese camino no necesariamente te lleva a una mayor seguridad. Ese es un ejemplo de complejización del tema para ver cómo se puede abordar más profundamente.

-¿Eso cruza también el tema migratorio?

-Claro, y también el conflicto de la macro zona sur o los fenómenos de transición ecológica, que tiene una tensión que va desde el mundo del trabajo, al mundo de la inversión y de las comunidades. Entonces, el desafío es cómo vas resolviendo esos temas tan complejos y ahí es cuando digo que hay que densificar el debate.

¿LA ANSIEDAD CIUDADANA?

-Ustedes asumen con varios frentes abiertos: delincuencia, crisis migratoria en el norte, la Macro Zona sur al rojo, la economía. Poniendo la pelota en la cancha, ¿a qué le van a dar prioridad?

-Hay muchos desafíos que están entretejidos a nivel global, como lo es el fenómeno migratorio. Pero también hay otros más domésticos, como la delincuencia o el conflicto histórico que tenemos entre el Estado chileno y el pueblo-nación Mapuche. Esto obliga a tener un liderazgo que no aspire a tener un resultado de corto plazo, que no se va a poder alcanzar.

“La tentación de todos los gobiernos es tratar de tener respuestas efectistas o resultados rápidos, pero cualquiera de esos temas que tú mencionas, no tienen una solución para el mes siguiente. No estoy diciendo que vayan a pasar los 4 años y  digamos: ‘No, es que todavía tienen que esperar’. ¡No, no! Pero esto tiene que tener plazos realistas. Y ahí el diálogo con la ciudadanía, de explicarles lo que estamos haciendo, va a ser clave. Obviamente, hay temas que no aguantan demoras como la pandemia,  pero hay otros asuntos que son más de largo plazo. 

-También es cierto que hay un fenómeno instalado: la ciudadanía lo quiere todo ahora ya. Ustedes estuvieron en el otro lado de la vereda. ¿Será posible administrar la paciencia?

-Me encanta cuando mencionan el ejemplo de nosotros como dirigentes estudiantiles. Eso permite ilustrar muy bien el punto. El 2011, cuando nos movilizamos por el derecho a la educación, una de las cosas que quizás no se lograron comprender es que, si en ese momento se hubiese mostrado una voluntad política real de abordar el problema de fondo, lo podríamos haber entendido, conversado. No importa tanto la gradualidad de cómo se implementen los cambios, sino que la respuesta que se da respecto a que ese problema va a ser abordado y consensuado con la sociedad.

-¿El tema es no negar el problema?

-Exacto. Cuando tú tratas de chutear la pelota, esconder el problema debajo de la alfombra, en el fondo sólo compras tiempo para no resolver los conflictos. Y ahí se te producen ebulliciones. Porque esas cosas salen por algún lado. Pero cuando tú escuchas lo que te quieren decir y manifiestas una voluntad expresa de querer hacer los cambios y sortear los obstáculos en conjunto con las propias organizaciones, mi impresión, es muy distinto.

“Cuando tú tratas de chutear la pelota, esconder el problema debajo de la alfombra, en el fondo sólo compras tiempo para no resolver los conflictos. Y ahí se te producen ebulliciones. Porque esas cosas salen por algún lado”.

-¿Si?

Al menos esa es mi proyección en retrospectiva como dirigente estudiantil. Y creo que, de alguna manera, la experiencia que nosotros tenemos de distintos episodios de movilización, nos otorga el beneficio de la duda frente a la gente.

-¿En qué sentido?

-En el sentido de que saben que sí vamos a ir caminando en la línea de las soluciones de fondo. Entonces, yo creo que tenemos la oportunidad de que esas confianzas preestablecidas se consoliden para que esa ansiedad, esa impaciencia, no genere ebulliciones. Lo haremos con una buena comunicación, con una buena explicación y con una voluntad política manifiesta de que queremos avanzar en una determinada dirección.

¿Pueden asegurar menos conflictividad en las calles?

-Nadie lo puede garantizar. Pero creo que tenemos ciertas experiencias de vida que nos permite ver de reflejo esa impotencia. Conocemos mucho la frustración.  Conocemos la impotencia de estar desde el mundo social y que no te escuchen, o que hagan como que te escuchan pero que en verdad te están silenciando. Y como conocemos esa experiencia, no queremos que nos pase. Nos daría mucho pudor… Prefiero decirles directamente que no podremos hacerlo o que estamos en desacuerdo con aquello que se plantea. Seguramente eso nos va a pasar. Va a venir gente que nos va a demandar cosas y yo prefiero decirles: “No estoy de acuerdo”, en vez de negar el problema o chutearlo.

LAS EXPECTATIVAS

-Hay muchas expectativas sobre el nuevo gobierno. Y cuando las expectativas no se cumplen, se alimenta la frustración. ¿Cómo encauzarlas?

-Va a importar mucho el estado de ánimo que transmitamos frente a esos procesos y no sólo al resultado. Hay un match de sentimiento y empatía cuando no se pueda alcanzar algo. Imagínate un proyecto de ley importante en que la gente tiene altas expectativas y no conseguimos los votos. Probablemente, yo voy a estar igual o más frustrado que la ciudadanía. La manera en cómo nosotros comuniquemos y sintonicemos con esa frustración es clave.

-Pero no asegura que la frustración no se acumule igual…

-Claro, pero conociendo la voluntad colectiva del grupo de gobierno, es que a priori no hay ninguna expectativa que queramos frustrar. No hay ninguna cosa que nosotros hayamos puesto en nuestro programa que no queramos realizar y que la pusimos sólo para ganar. Hay un deseo genuino de cumplir todo. Por lo tanto, las frustraciones de la ciudadanía también van a ser nuestras frustraciones. Y quizás, en esa empatía temprana, de comunicación de los obstáculos, se generen creativamente alternativas para lograr avanzar conjuntamente.

“A priori no hay ninguna expectativa que queramos frustrar. No hay ninguna cosa que nosotros hayamos puesto en nuestro programa que no queramos realizar y que la pusimos sólo para ganar. Hay un deseo genuino de cumplir todo”.

A veces la realidad es más compleja. ¿La empatía será suficiente para responder a los estados anímicos de la gente y  los problemas concretos como lo que sucede en la Macro Zona sur?

-Hay una parte de la pregunta que tiene una premisa que no sé si comparto al cien por ciento: y que es que en estos problemas tan complejos, como el de la Macro Zona sur, la empatía no importa mucho. Yo diría que es una pieza fundamental. Cuando hay voluntad de escucha y de cambiar realmente las cosas y no solamente para la foto, las posiciones de las personas que puedan estar parapetadas en posiciones más radicales pueden tender a cambiar y a buscar estrategias a través del diálogo.

-O sea, ¿el desafío será tener un pie en los problemas concretos y el otro pie firme en la calle, con la energía de la gente? ¿Será posible en el ejercicio del poder?

-Tenemos que hacerlo. Si no lo logramos, nos vamos a ir lentamente alejando de nuestra raíz. Tenemos que encontrar la fórmula para darnos esos espacios, esos momentos de seguir cerca de la gente. Quizás no van a ser exactamente igual. No será de la misma forma porque hay condiciones de seguridad, por ejemplo. Pero para el Presidente electo es esencial tener contacto vivo, cotidiano, con la ciudadanía. No podemos perder ese anclaje. ¿Sabes por qué?

-No. ¿Por qué?

-Porque ese anclaje es lo que nos trajo hasta acá y es lo que va a permitir que nuestro gobierno llegue a buen puerto. 

LA CONVENCIÓN: FACTOR CLAVE

-Otro punto clave será la relación con la Convención Constitucional. No son pocos los que dicen que el éxito del gobierno de Boric se va a medir por lo bien o mal que le vaya al proceso constituyente…

-Más que a el gobierno, el éxito o el fracaso del proceso constituyente atañe al todo el país. No olvidemos que nos dotamos de una solución institucional para un problema que se desbordó en las calles. Y esa apuesta -de la cual el Presidente electo fue uno de los protagonistas-, ha generado mucha esperanza. Por eso creo que si es que ese proceso no llegase a buen término, sería un problema del país en su conjunto. Por lo tanto, todas las actorías debiesen hacer sus mejores esfuerzos para que el clima de la Convención favorezca acuerdos duraderos y transversales para que todas y todos nos sintamos tributarios de ese triunfo.

Has dicho que la nueva Constitución es una condición sine qua non para el cumplimiento del programa de gobierno.

– Sí, claro.

– O sea, ¿si se rechaza, el gobierno puede quedar…?

-… Sin herramientas para ejecutar nuestro programa.

-¿Lo que sería grave?

-Por supuesto, pero insisto: si fracasa el proceso constituyente, no es sólo afectaría a este gobierno. Es un asunto país. De hecho, si hubiese salido cualquier otro gobierno, yo hubiese estado trabajando para que ese proceso fuera exitoso igual, porque es la primera cosa tangible que logró nuestra generación.

“Si fracasa el proceso constituyente, no es sólo afectaría a este gobierno. Es un asunto país. De hecho, si hubiese salido cualquier otro gobierno, yo hubiese estado trabajando para que ese proceso fuera exitoso igual, porque es la primera cosa tangible que logró nuestra generación“.

-¿Cómo así?

-Es el primer cambio de switch respecto a lo que significó la transición a la democracia sin que cambiaran las reglas del juego de la democracia. Para nosotros es una prioridad.