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Hacer gobierno desde la amplitud social. 

De todos los factores que llevaron al triunfo en segunda vuelta de Gabriel Boric, sin duda que uno de los más relevantes fue la capacidad de su candidatura de abrir el abanico de personas dispuestas a votar por él. Su 25% de la primera vuelta expresaba un piso, afortunadamente, desde el cual se convocó a quienes, por distintas razones, habían tomado otro camino en noviembre. La contundencia del porcentaje final (55%), no se explica solamente por el miedo al fascismo o por optar por el “mal menor”, sin duda, Apruebo Dignidad supo canalizar en su propuesta y en su candidato, el caudal de energía social que venía buscando cauce desde la Revuelta.

El escenario actual, en transición hasta la asunción del mando en marzo, presenta un desafío similar: mostrar la capacidad de seguir asumiendo ese enorme impulso popular que salió el 19 de diciembre a derrotar al miedo a favor de la esperanza. Es un reto no menor para las orgánicas y partidos que lideraron este proceso.

Mucho se ha hablado de la necesidad de integrar a diferentes visiones y partidos, que vayan más allá de quienes son parte de Apruebo Dignidad, un camino que es claro y evidente, más aún considerando el equilibrio de fuerzas presente en la composición del Congreso. En este escenario, es imperativo buscar alianzas tácticas y estratégicas que abran el juego y rompan el empate, en la búsqueda de cambios profundos que el pueblo nos confió llevar adelante.

Pero, más allá de las estructuras partidarias y las tácticas políticas, es claro que la campaña de segunda vuelta quedó marcada por un fenómeno especial: cientos de miles de personas se autoconvocaron para ser parte activa de este proceso, sin esperar líneas políticas, llamados o material electoral. Desde los cientos de comandos que espontáneamente surgieron, la actividad en redes sociales, las gráficas personalizadas, incluso los memes, todo mostraba a una ciudadanía con deseos de ser protagonistas y no meros votantes. A esa amplitud colectiva es a quien debemos saber responder desde el próximo gobierno, que implica una práctica política que apuesta por mantener y profundizar el vínculo con los mundos sociales, con las regiones y la diversidad ciudadana que demanda cambios estructurales y simbólicos de cual sentirse parte.

Para no quedarnos entrampados en una política que sólo busque lo popular, es necesario centrarse en algunos ejes de acción y de relato, que intenten hacerse cargo de temas que movilizaron ayer a las personas, y que sin duda lo seguirán haciendo durante el gobierno de Gabriel Boric. Del amplio abanico de temáticas y causas, pensamos que hay algunas que son relevantes de ganar protagonismo en este tiempo complejo que se nos viene, no desde una mirada teórica y de análisis abstracto, sino considerando cuáles han sido los asuntos que, en el último tiempo, han hecho que la ciudadanía levante la voz. 

Salud. Es importante que las necesidades y urgencias de la comunidad sean asumidas como propias por las personas y las instituciones. Entendemos la Salud como un derecho humano fundamental, que no puede estar en manos del mercado. Las falencias históricas del sistema de salud, junto con las consecuencias de la pandemia, apuntan a la necesidad de implementar una profunda reforma del área, en la que se construya un modelo de atención y de gestión en la red pública al servicio de las personas, familias y comunidades. También es prioritario actuar sobre los determinantes sociales que inciden en la desigualdad en Salud

Trabajo. El rol de las y los trabajadores no puede seguir en un plano inferior. Es central otorgar importancia estratégica al trabajo decente, que entregue dignidad a las personas. Que además de ser el medio de subsistencia material de las grandes mayorías, sea también un mecanismo de inclusión y cohesión social y de valoración del ser humano. Además, debe ser un componente productivo relevante en la era de las tecnologías de la información, la sociedad del conocimiento y la globalización. Los ejes estratégicos son: Derechos fundamentales; participación de trabajadoras y trabajadores en la economía y en la sociedad; equidad de género y corresponsabilidad; reconocimiento y valoración del trabajo no remunerado. 

Proceso Constituyente. No se trata sólo de asegurar una constitución que lleve la firma de Gabriel Boric. Las transformaciones mencionadas, y muchas más, necesitan no sólo de una voluntad política y de una construcción de mayorías, sino que presuponen que el proceso constituyente genere una Carta Fundamental que permita este tipo de cambios estructurales. Se necesita una constitución que no sea una camisa de fuerza como la actual.

Es obvio que estos temas no agotan las posibilidades. Décadas de neoliberalismo han dejado un largo listado de asuntos pendientes que la gente en las calles viene reclamando y que deben encontrar su lugar en la acción y en el relato del gobierno entrante, pero es necesario decidir un punto de partida.

La amplitud que buscamos construir para hacer gobierno, para legislar y para avanzar en transformaciones, debe estar enmarcada dentro del objetivo de lograr las transformaciones que el pueblo pide y necesita. Es esa voluntad la que efectivamente nos llevó a tener este triunfo. A ese espíritu, a esa mística nos debemos. Ese es nuestro compromiso.