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Cómo medimos el éxito del proceso constituyente

Columna publicada LeMondeDiplomatique.cl /Sept.2021 (Extracto)

por Yarela Gómez SánchezConstituyente por la región de Aysén

La Convención Constitucional tiene como objetivo la redacción de una Nueva Constitución; sin embargo, esta instancia está llamada a jugar un rol que trasciende el solo hecho de escribir una carta magna. El proceso constituyente implica sentar las bases normativas de una nueva sociedad y, también, aportar en la consolidación de sus bases sustantivas.

Construir una Constitución no solo depende de las condiciones de las y los constituyentes en su capacidad de diálogo, sino que debemos atender a las demandas de las luchas sociales de las últimas décadas y avanzar en la reparación de las deudas históricas que arrastramos. Así, un aspecto crucial para el éxito de este proceso es la articulación entre la discusión constitucional, la participación popular, la transparencia y eficiencia con que esto se articule y permita entretejer los textos discursivos por fuera de la asamblea -de facto- y el requerido cruce con el adentro de ella.

Las transformaciones que impulsaremos tienen en el centro la redistribución del poder, en todos los ámbitos: propiedad, trabajo, derechos, medioambiente; aspiraciones de luchas sociales expresadas en educación pública, gratuita, no sexista y de calidad, no + AFP, la desmilitarización del Wallmapu, no a Hidroaysén, entre otras. Sin lugar a dudas, hoy no solo nos enfrentamos a la redistribución del poder de la clase dominante y su traspaso a las, les y los trabajadores, sino que también a la reconstrucción del tejido social agujereado a balazos en la dictadura y resarcido a punta de acuerdos transicionales del mal menor, por tanto, debemos volver a mirarnos y entendernos como comunidades.

Transformaciones profundas
Este debate requiere de un marco que nos permita conversar y construir consensos. De ahí la relevancia de la aprobación de los primeros principios rectores que guiarán el debate constitucional y que, por cierto, van en líneas de transformación: perspectiva de género, plurinacionalidad; igualdad y prohibición de discriminación arbitraria; equidad territorial; derechos lingüísticos. Esto, sumado al establecimiento – que impulsamos- de comisiones que revisen un nuevo modelo de desarrollo sustentable, democracia, derechos de la naturaleza, descentralización, derechos sociales como salud, educación, entre tantos otros, nos permiten situarnos desde el impulso que se requiere para establecer la dignidad que nos merecemos.

En la línea de lo anterior, es preciso señalar que la transformación de las dinámicas del poder se vinculan, necesariamente, con la descentralización y el feminismo, en cuanto debemos crear mecanismos que nos permitan tener y ejercer el poder desde la mirada de la descentralización como sostén del desarrollo para potenciar el rol de las (…).

(*) Texto completo en la edición impresa del mes de septiembre 2021
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