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Una propuesta para la gran empresa post estallido social

Columna | Gabriel Boric

Si hay algo que dejó claro el estallido social es el anhelo por una mayor participación de la ciudadanía en las decisiones que la afectan. No se trata sólo de derechos sociales, que sin duda son importantes, sino que también de una real igualdad política, que permita a todas y todos tener la misma posibilidad de incidir en la vida social, sin importar su género ni clase social. Por ello es tan relevante que por primera vez en nuestra historia vayamos a escribir la Constitución de forma democrática y lo hagamos con paridad de género y con presencia asegurada de pueblos originarios.

¿Es suficiente redactar democráticamente nuestra Constitución para proclamar la igualdad política? Creo que no. Aunque nos haya costado tanto, este es sólo un estándar mínimo para una sociedad democrática. Como lentamente hemos aprendido de las feministas, no hay igualdad política si los hombres tienen ventajas estructurales que permiten que su opinión prime en las decisiones en el hogar y en la sociedad. Del mismo modo, tampoco hay igualdad política si las y los trabajadores no tienen una voz determinante en las decisiones estratégicas de las empresas donde trabajan. Así, el impulso democratizador del nuevo contrato social quedará trunco si no altera realmente la forma en que nos relacionamos en el lugar donde pasamos gran parte de nuestro tiempo: el trabajo.      

Por cierto, podría haber otros caminos para promover la igualdad política en el espacio del trabajo. Por ejemplo, centrar la estrategia de desarrollo en empresas de menor escala, donde las desigualdades políticas son también menores. Sin embargo, esta no parece ser una buena alternativa, toda vez que tanto la gran empresa como el Estado han tenido roles claves y complementarios en las estrategias de desarrollo exitosas en el mundo. La innovación y el aprendizaje de mejores prácticas productivas suele requerir de escalas de producción considerables. 

¿Cómo equilibrar la necesidad de desarrollo e innovación productiva con el anhelo por mayor democracia e igualdad política? Creemos que el camino más razonable es comenzar un proceso de transformación y democratización de los espacios de decisión estratégica de las grandes empresas. En concreto, como parte de nuestro programa proponemos que –en un plazo razonable para un cambio legal de esta envergadura– los directorios de las grandes empresas tengan una participación de las y los trabajadores equivalente a la representación que tienen las y los accionistas, y que exista paridad de género en su composición. De modo tal que las decisiones más importantes de la gran empresa sean fruto del diálogo razonado y cotidiano de las y los actores, y de las distintas perspectivas relevantes que componen una empresa.     

Por suerte para quienes se sorprendan con esto, lo que proponemos no sería un experimento o una aventura sin precedentes, sino una política implementada con bastante éxito en la Europa de la postguerra. Sociedades que, luego del trauma de la guerra, entendieron que un desarrollo inclusivo y lleno de grandes desafíos productivos requería de diálogo en igualdad de condiciones en todos los niveles. Al respecto, recientes estudios académicos han mostrado cómo la experiencia alemana y finés de codeterminación –como comúnmente se llama a esta política– tuvo consecuencias positivas en la inversión y formación de capital de estas empresas. Es decir, en la historia y los datos no se observa la posible tensión entre democracia y eficiencia al interior de la empresa, sino más bien un camino para una cooperación de largo plazo.     

Con todo, más allá de la opinión que tengamos al respecto –la mía es positiva y llena de esperanza–, sería poco realista pensar que la exigencia de protagonismo político de la ciudadanía, tan excluida durante la transición, se logre satisfacer solamente con una democratización de las instituciones del Estado. Nos haría bien comenzar a discutir alternativas para canalizar políticamente esta noble y justa pretensión de una verdadera igualdad de poder.