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Chile es un país indígena que se debe un Proceso Constituyente Pluricultural

Por Julio Ñanco

Secretario General RD Aysén

Estamos a pocos días del plebiscito para una Nueva Constitución y aún el Senado no confirma los escaños reservados para pueblos indígenas. El pasado 15 de octubre todos los partidos de la oposición emitieron una declaración pública, en la que se llamaba a los parlamentarios y parlamentarias para votar a favor de la inclusión en la Convención Constitucional. También señalan que el Estado chileno tiene una deuda histórica con los pueblos indígenas, con el pleno respeto y garantía a sus derechos de acuerdo al  Convenio 169 de la OIT, en relación a la participación, tanto a través de mecanismos propios como de los mecanismos nacionales de participación democrática.

Cuando decimos con todos y con todas, también nos convoca construir un país reconociendo que en el territorio habitamos otras nueve naciones, que constituimos el 12,8% de acuerdo al último censo del 2017, Aymaras, Quechuas, Atacameños, Collas, Diaguitas, Mapuche, Kawésqar, Yágan y Rapa. Somos una ciudadanía pluricultural y que debemos estar representados en el proceso Constituyente en la nueva Carta Magna, donde tengamos ese espacio para dialogar, establecer y constituirnos en la multiculturalidad y reconocer las culturas indígenas que han estado invisibilizadas y criminalizadas históricamente, sobre todo, nuestro pueblo mapuche.

Si bien la discusión está hecha un nudo en el cómo darnos participación, me parece necesario decir que las culturas originarias han coexistido y dialogado aún desde la invisibilización, y con certeza, serán aportes desde diversos temas para considerar en la Nueva Constitución, como la relación y el cuidado con la naturaleza y el medioambiente, la economía y el desarrollo sustentable, el patrimonio inmaterial cultural como la oralidad y la Memoria, entre otros. Hay una historia aún desconocida sobre nuestros pueblos y que al otorgarnos reconocimiento constitucional reivindica ese espacio histórico y social que no está en la historia hegemónica. En Aysén habitamos una cantidad importante de personas pertenecientes a pueblos indígenas, la mayoría llegó desde la zona williche de la isla de Chiloé. Sabemos que la aculturación y la criminalización, el consecuente sistema educativo y la cierta uniformidad por la búsqueda y tendencia de un chileno o chilena promedio, hizo que nuestras culturas permanecieran soterradas, y se dieran varias dinámicas en torno al ser indígena, lo que cambió de una manera evidente y masiva. Son nuevas generaciones que van con la wenufoye (bandera mapuche) avanzando en su propia historia, su etnogénesis, y con eso también se visibilizan comunidades completas. Porque no es casual que nuestros símbolos indígenas hayan encontrado un lugar tan significativo tras el estallido social. La muerte del lamngen Catrillanca mostró en los noticieros la represión y los montajes, las marchas, performances, actividades artísticas y expresiones de la ciudadanía trajo a la Memoria a todos nuestros muertos por el Estado chileno, y la gente lo vio y se sintió parte de esa fibra que resiste y que duele en nuestro pueblo, que resiste al neoliberalismo, que resistía a un Chile que no podía continuar así. Y levantó la bandera esa tarde en la Plaza Dignidad, y en todas las plazas, todos los días, en todas las ciudades y en el extranjero, porque sí…ahora este país también es con nosotros, y a través de nosotros, con nuestros padres, madres, abuelos y abuelas con sus saberes, con nuestros hijos e hijas que hoy marcan su huella en la primera línea del reconocimiento de nuestro indigenismo, la preservación y desarrollo de nuestra cultura. Chile es un país indígena. La historia lo ha escrito de otro modo. Somos una nación diversa y transversal, rural y urbana, permeable, porosa, que se mezcla en este mestizaje que es también Latinomérica. Reconocer esa diferencia nos enriquecerá y, sin duda, sería histórico para Chile incluir, por la dignidad de nuestros pueblos y su reivindicación, a nosotros los Aymaras, Quechuas, Atacameños, Collas y Diaguitas en el norte del país, a los Mapuche, Kawésqar, Yágan en el centro y sur, y Rapa nui en la Polinesia. 

Es necesario que esta discusión y votación quede establecida antes del plebiscito del 25 de octubre como una señal de la voluntad política de inclusión en un proceso ciudadano, abierto, que se ganó en las calles, que amplía la democracia hacia donde nunca antes se le nombró. Necesitamos la certeza de los escaños reservados indígenas para el proceso constituyente.

Peukayal, kom pu peñi, kom pu lamgen, kom pu wenuy